El mordisco

Por Fabián Lobos Hidalgo

Y de pronto lo sentí. Ese mordisco en el corazón. Ya estaba de alguna manera acostumbrado al mordisco, incluso hubo noches en las que lo presentía. Pero este dolió, podría decir que dolió más que el primero de todos.

Toda la cerveza desvanecida, mis cigarros en algún lugar y la música que sonaba era uno de esos temas que se bailan porque todo el mundo los baila. Sentí ganas de vomitar, pero las controlé. Se debe respirar por la nariz. Un útil y, supongo, manoseado consejo que me dio el padre de un amigo.

Lo gracioso es que terminé bailando esa música que todo el mundo baila de todas maneras, bebiendo la cerveza desvanecida y robando una fumada por aquí y por allá. La mañana estaba perfecta y el apretón del mordisco fue desapareciendo de a poco, como una mordida en la piel, donde los incisivos quedan marcados y dicha marca con el tiempo se va y todo queda igual. Todo sigue igual, nada cambia. Los gajes del sentimiento que no puedo negar, pero si ocultar y ocultar muy bien.

Un día la sinceridad se posará en nuestras bocas y hará salir lo que deba salir de ellas. Podría ser un sueño o simplemente, una arcada más.