“Rojo intenso” de Rodrigo Orto

 

El tipo amaba ese auto, lo miraba a diario, en revistas, en internet, lo miraba y lo volvía a mirar. Sabía todas sus características, sus especificaciones, cada una de las partes de su motor, de su carrocería, el tamaño de sus ruedas, tenía grabado en su mente el sonido de su motor, el rugido de ese motor. Lo prefería rojo, un rojo intenso, tal llama de fuego que se arroja a la calle, avasallador, y potente. En eso se pasaba sus noches, sus días y sus tardes. Acariciándolo en silencio, en su mente, incluso los fines de semana lo tocaba, lo olía, lo sentía, en la tienda ya lo conocían, y pronto lo expulsaban del lugar.

Pero no tan solo pensamientos de añoranza lo inundaban. También había otro pensamiento, de años, que llevaba rondando su mente, un plan, una misión de vida, una estrategia para alcanzar la gloria. Un plan para soslayar la imposibilidad real de adquirirlo de otra forma.

Estaba todo cuidadosamente planificado, eran años en esto, era una vida en esto, lo era todo. El día estaba por llegar, solo faltaba afinar los últimos detalles, pagar las últimas coimas, comprar los últimos implementos.

El día había llegado, un sudor frío recorría su frente, por suerte era un tipo bastante frío y no había tanto contraste, calculador, no le temblaría la mano llegado el momento, este momento.

WIIIUUU WIUUUUUU WIIIUUUU WIIIUUUUU!!!!

Resonaban las alarmas a todo decibel, solo otro sonido interrumpía está molesta melodía, el rugido de aquel motor. Se demoró un par de segundos más de los planeados, pero el abstraerse de la hipnótica sensación de estar sobre aquel auto, el auto de sus sueños, el darle vida con un movimiento, encender el motor y escuchar y sentir aquel deseado sonido, aquella deseada vida motorizada, le impidió partir de inmediato, estaba absorto en la contemplación, en el éxtasis.

Los seguros habían sido removidos, el tope en la rueda también, los billetes habían cumplido su cometido, embriague, primera, acelerador a fondo, un exquisito chillido de llantas inundo el galpón, y luego ese potente rugido… CRASHH!!!! Los vidrios de la vitrina explotaron… salió a toda velocidad, si, estaba sobre él, lo estaba manejando, las lágrimas afloraban de sus ojos, una sonrisa gigante cubría su rostro, una sonrisa que el viejo del súper 8 del próximo semáforo podía ver. Acelero y siguió acelerando, se pasó unos 4 semáforos rojos, pero a esa hora no importaba, solo importaba alejarse del lugar lo antes posible. Seguir la ruta planificada.

Todo siguió en orden, la sonrisa inamovible guiaba la hazaña. Sirenas policiacas resonaban en el ambiente nocturno, pero estaban demasiado lejos y demasiado lentas, sus informantes le conducían continuamente lejos de ellas, la ruta estaba funcionando a la perfección. Y así, sin más contratiempos, llegó al hangar previamente arrendado. Se estaciono, se demoró algunas horas en despertar de aquel sueño, la sonrisa aun persistía, al otro día seguramente los músculos faciales le dolerían, pero que importaba, nunca antes había reído tanto. Había cumplido con su objetivo, estaba allí, sentado sobre el auto de sus sueños y su realidad, no quería levantarse, no quería moverse, solo admirar, y sentir aquel motor, aquella pequeña vibración producida, ni la radio había prendido aun, ni tampoco lo haría esa noche. Esa noche paso así, horas sentado, solo acompañado de su sonrisa y de su auto.

……………Pasaban los días, y tras la satisfacción y felicidad por el deseo acariciado, se encontraba un nuevo pensamiento, había planificado cuidadosamente el cómo sacarlo, y lo había logrado, ahora lo tenía, pero el pensamiento ahora se había trasladado a un pesar, el cual jugaba al equilibrio sobre una cuerda floja con la felicidad de tenerlo, la imposibilidad de sacarlo a la calle por el miedo a que lo arrebataran de sus manos, era una tortura, el tenerlo allí guardado, y no poder volar por las calles, no poder aprovechar todo ese potencial, no poder ver pasar las luces fugaces de los semáforos y los faroles. Estaba totalmente atrapado en esa encrucijada. Solo lo calmaba y devolvía la sonrisa el ir todas las noches a ver su tesoro, el acariciarlo, escucharlo y sentirlo…………………

Así paso todo un año, en esa dinámica constante de felicidad y tortura constantes. Pero había tomado una decisión, esta noche, sí, esta noche saldría, sin importar que pasara, sin un plan determinado, nada, solo la esperada satisfacción. Esta noche seria de él, completamente suya, le pertenecería, la sonrisa inmortal volvería, el éxtasis y la vida, esta noche, serian una sola.

El paño que lo cubría fue movido lentamente, poco a poco, poco a poco dejaba ver ese rojo intenso, esa figura, ese resplandor, y tal como se iba moviendo ese paño, la sonrisa se iba forjando, ¡PI PI!, las puertas estaban abiertas, el paraíso del Edén está abierto, solo hacía falta entrar, y entro, se ubicó cuidadosamente sobre aquel regocijante asiento de cuero, introdujo la llave, lentamente, gozando aquel mini instante, ¡¡GGRRRRRR!!, el motor estaba encendido, rugía, vibraba, MMMMM, sentía como la piel se le erizaba, y cierto placer lo inundaba, CHUIC! El portón se abría lentamente, el momento había llegado, otro momento decisivo, otro momento para la eternidad…………partió, se puso en marcha, las ruedas en movimiento, los lujosos y precisos engranajes comenzaron a funcionar, floto por la pista, el nirvana había llegado nuevamente a su vida.

El motor sonaba, delicioso para sus oídos y para todos sus sentidos. La ruta no había sido planificada con tanta acuciosidad como en el primer plan. Pero hasta el momento ningún problema se vislumbraba, avanzaba, respetaba los semáforos, miraba y se satisfacía al ver como las miradas de los transeúntes lo seguían, boquiabiertos, deseando estar sobre aquella máquina, él estaba al volante y se sentía un gigante, sentía que podía pasar por sobre cualquier cosa. Estaba en ese trance, cuando en la esquina, una patrulla. Haciendo gala de su frialdad paso delante de ellos lentamente, como si nada, cruzo miradas con el policía, y tras mirar esos ojos con esa mirada que sospechaba de todo, una leve inquietud recorrió su cuerpo, pero siguió, y al parecer nada había pasado. Entró a la carretera, donde pudo sentir la potencia y velocidad de su bólido. Otra vez el éxtasis, el motor funcionando a mil por hora, trabajando sin cesar, tuercas y mecanismos se desencadenaban sin parar, así estuvo unas horas dando vueltas a toda velocidad, vueltas en círculos, adelantando a los lentos y quejumbrosos autos que lo rodeaban. Miro el indicador de la bencina, y esta comenzaba a escanciar. Decidió volver al hangar. Ya había sido suficiente el goce, y por el tranquilo paseo que dio durante toda la noche, tuvo la esperanza de poder realizar estos viajes que lo llenaban de vida más seguidos, debía aprovechar, su mente calculadora cedió, y se dejó llevar por sus instintos de satisfacción, mañana quizás volvería a las calles.

Estaba cercano al hangar, cuando se percató que otra patrulla estaba a la vista, pero esta vez a su retaguardia, avanzando a su misma velocidad. En ese momento no supo que pensar, si lo estaba siguiendo, o simplemente iba por su recorrido normal. Así pasaron un par de cuadras, doblaba a la izquierda, la patrulla también lo hacía, doblaba a la derecha, y la patrulla también doblaba. Esto comenzó a inquietarlo, un auto de esa magnitud no pasaba desapercibido, menos para la policía, en una cuadra pasaron por su cabeza miles de posibilidades y muchos planes de contingencia, conduciría a toda velocidad, los perdería, quizás sería fácil, o quizás se podría transformar en esas persecuciones eternas, dignas de salir en televisión. En medio de esa reflexión estaba cuando escucho el sonido, el sonido que paralizo su corazón por un momento, y que hizo desaparecer su gigante sonrisa, ¡¡WIIIUUUU WIIIIUUUU WIII!! la sirena se había activado, todos los planes que pasaron por su mente se fueron a la basura. Solo atino a acelerar de inmediato, como un instinto de supervivencia, no se lo podían quitar, nunca, era su vida. Aceleró como nunca antes,  alcanzo los 100 k/hr en 4 segundos, tomó rápidamente una avenida, se saltó unos 5 semáforos rojos y otros signos PARE más. La patrulla cada vez más lejana intentaba seguirle, otras ruidosas pero lánguidas sirenas se sumaban al sonido ambiente. Pero ninguna pudo seguirle el paso. Ya se encontraba al otro lado de la cuidad, en un rincón oscuro, esperó, calmadamente, respirando profundo, para convencerse de que todo había pasado, ya pronto saldría el sol, tenía que regresar al hangar, y luego ir a su funesto trabajo y así evitar un reto de su maldito jefe. Pensó que había pasado el tiempo suficiente, ya hace una hora no escuchaba ninguna sirena. Así que emprendió el viaje de regreso.

No había avanzado ni la mitad del camino cuando un grupo de tres patrullas se le cruzaron por la avenida, nuevamente comenzaría el menjunje de ruidos y luces. Pero estaba decidido a no ser atrapado, el instinto era muy superior. Nuevamente aceleró, pero esta vez sería diferente. Una idea se incrusto con fuerza en su cabeza, algo que siempre supo, como si se hubiesen conectado dos cables esenciales que desde su nacimiento estaban allí y no habían sido conectados, y que finalmente se entrelazaron. Mientras aceleraba, derrapaba y chicharreaban las ruedas, mientras esquivaba otros autos, y las patrullas nuevamente quedaban lentas y torpes atrás, fuera de la vista, esa idea iba tomando cada vez más fuerza, se iba tornando cada vez más en el camino a seguir.

No quería seguir pensando, las sirenas habían quedado atrás nuevamente, inútiles, estaba cerca del hangar, pero cuando paso por su lado, tomo la decisión, siguió de largo, ya había elegido su camino, otro camino distinto al hangar, o a su hogar. Nunca se había sentido tan seguro en su vida, no baciló, ni tampoco lo volvió a cuestionar, ¡¡¡GRRRRRRRR!!! resonaba el motor con fuerza, sentía con profundidad el tacto con el volante, el olor a nuevo, las luces pasar. La flecha de la velocidad seguía moviéndose hacia la derecha, los números iban sumándose, la velocidad se apoderaba de todo. La sonrisa volvía, lentamente, la flecha seguía subiendo, la sonrisa se seguía extendiendo. Estaba entregado a su principio, estaba viviendo sus segundos más plenos, se sentía feliz, como nunca antes, incluso más que aquella vez. La sonrisa estaba completa, extendida a mas no poder, al igual que el límite de la velocidad, en ese momento, todo sucedió, la sonrisa tan extendida, le había cerrado los ojos, la milésima de segundo entre la idea y la acción fue eterna, la felicidad fue eterna.

¡¡¡¡¡¡¡CRAAAAAAAAAASHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!! Sonó el impacto, a tal velocidad que todo se contrajo, el cuerpo se unió en lo más íntimo del auto. Se habían transformado en uno solo, corporalidad y metal, unidos, para siempre, el intenso color rojo que cubría el auto se mezcló con el espeso rojo de su esencia, sangre y pintura unidos en un solo ser, todo se había concretado, había adquirido una nueva forma, compuesta por carne molida y metales retorcidos.