Horcos de la Horca: Paterson, el lenguaje de las cosas simples

El desagüe de cartas trajo consigo una delicada reseña de regalo. Se trata de  Paterson, el más reciente y celebrado filme de Jim Jarmusch sobre un poeta y conductor de autobús que observa los triunfos y derrotas de la vida diaria.

Por Roberto Parra

Para iniciar una pesquisa a la esencia misma de las cosas, la poesía de William Carlos Williams resulta un modelo de partida único en su género. Difunde un ideario lúcido y honesto, como un espejo que evidencia exactamente lo que ve, oye y siente, en un contexto de romanticismo exacerbado. Su lenguaje se genera bajo lo singular y hacia una memoria colectiva. Despoja su prosa de cualquier piel sintética para encontrar el delirio interno mirando desde la ventana. El hombre como hombre. Las cosas tal y como las (re)conocemos. El dejo intelectual surte como una sombra frente a los primeros pasos que Williams provoca en sus escritos, tomando a cuestas una generación simétrica y llana. Y como el índice habitual de la observación, W.C.W nos habla desde un lugar donde no existen restricciones a la hora de crear poesía. Tampoco a la hora de hacer una película.

A la luz de este ejercicio, el director norteamericano Jim Jarmusch logra hilar perfectamente la estructura cinematográfica junto a los ensayos poéticos de William Carlos Williams, elogiando principalmente su obra más notoria, Paterson. Es la voz de Paterson la que el director incluye en su propia voz, nombrando a su película y al personaje principal de la misma manera. Con ello instaura un relato lleno de capas que se cierran y se descubren al espectador.

La historia sigue de cerca al joven Paterson, un poeta y conductor de buses que en aquellos momentos fuera del agobio del trabajo, suele escribir la poesía que sus sentidos le dictan a diario: mientras intercambia diálogos con su mujer, escucha las conversaciones de los pasajeros en el autobús, o cuando mira una simple cajetilla de fósforos Ohio Blue Tip en la mesa de la cocina. Sin una premisa concreta, el director nos presenta una historia formada por pequeños relatos de lo cotidiano, en la que música, poesía y personajes suelen encontrar un lugar común para dar al espectador la respuesta a una pregunta que sólo se tiende a formular al final de la película, y que Jarmusch logra traspasar mucho antes: la belleza de las cosas sólo se encuentra cuando nos empeñamos en observar.

El film intenta definir aquel idioma que Williams explora en sus escritos, pero de una manera en la que cada arista choque con una perspectiva distinta, obligando al espectador a examinar los detalles escondidos en la cinta: desde la presencia tozuda de los gemelos, hasta el pronunciado blanco y negro que obsesiona a Laura, la esposa de Paterson.

Se aloja una riqueza única en el cine independiente de Jarmusch, en la que denota una manera honesta y abrumadora de hacer las cosas. Nos enseña que desde la escritura, el cine y nuestra propia rutina, el vértigo experimental deja de ser importante en el momento en que buscamos la belleza más allá de lo que permiten nuestros ojos. La realidad conforma lo simbólico y resucita el lenguaje esencial de lo honesto. Paterson resulta un perfecto homenaje a lo más profundo del ser humano, agrupado en lo simple de la vida. Poder decirlo todo, y poder decir nada, y que en ello se aloje la poesía misma de las cosas.