Jugar al ahorcado

El Tuerto de Santa María es un artista español que se mueve al filo de la navaja, o más bien de la horca. Este es el contexto y el video de su performance, un acto peligrosamente parecido al nombre de nuestra propia webzine.

Tuerto tiene 46 años, se pinchó un ojo a los 19, reemplazó su globo ocular por un piercing y se tatuó al mar en la cara. La rueda nihilista lo llevó a publicar un libro el año 95, llamado “Ajo”, bajo el pseudónimo de Jonathan B.C Crazy. Ahora, su más reciente apuesta artística, tiene pinta de ser la última: una performance donde se ahorca a tal punto que debe ser rescatado por un grupo de asistentes.

“Llevé esperando dos décadas y al fin pude conseguir esa buena compañía. Los dos amigos  (que aparecen en el video) son cuidadores, y saben bien todo eso”. Sin mayores preámbulos, el artista hace aviso de una vacante disponible en su equipo; “os aviso que deseo realizar mi 3ª horca. Necesito un buen videógrafo. Y que se arriesgue a terminar en prisión, si el asunto sale mal, con mi muerte”.

“Morir sería algo normal, hay un gran riesgo, y lo conozco bien, no soy un cándido chico que prueba cosas. Morir sería perfecto, en el sentido de acabar mi vida posando, algo que amo. Y a mis 46 años no espero nada bueno ya, voy preparado para lo peor. Soy alcohólico, pero no bebo durante ni antes de la horca, seis-siete días antes. Y el alcohol no me reserva un paraíso, digamos. Pero, al no esperar nada ya, no siento que pierda mucho tampoco. Está todo equilibrado, la soga decide si parto en ese momento o en la próxima (o borracho, quién sabe)”.

Obviando los tonos suicidas, Tuerto aborda este trapecio como una especie de experimento cognitivo: “tras el desmayo, me vino el sueño en ambos casos. Sueños agradables, y lo normal de un día cualquiera. Nada místico, señores; no vi a la puta Virgen. En el primer caso, mi compañero me despertó; él, cabreado y temeroso. Le pregunté que quién era él. Tardé unos segundos en saber lo que pasaba. Me sentía como en mi cama, con un extraño al lado. En el segundo caso, parecido, pero tardando menos en saber todo, sonriendo, y preguntando por las fotos”.

Para ir al grano y sepultar las preguntas de rutina, el artista adjuntó su propio FAQ, y que no se diga más.

  • ¿Erección? No, son pocos segundos para ello.
  • ¿Mareo al levantarme después? Sí, leve.
  • ¿Atrae la horca, es adictiva? Sí, rotundamente, desde el primer momento.
  • ¿Mucho riesgo de muerte, coma o lesión? Depende de cada cuerpo.
  • Si el suicidio indirecto (arriesgar la vida por poca cosa) no estuviera mal visto, grandes deportistas de la soga nos demostrarían cuán fuerte es un cuerpo sano y trabajado. Nunca lo sabremos: vamos marcha atrás gracias a la moral (y las leyes) de nuestros señores.
  • ¿Se siente uno alegre y lleno tras varios segundos de horca? Sí, se recuerda bonito. La sonrisa sale fácil.  
  • Por tanto, ¿recomienda usted, amable Tuertillo, este deporte de riesgo a todos? Jamás. Tampoco recomiendo pincharse un ojo, aunque yo lo hice.

Con la advertencia hecha, incluímos el registro de su impactante performance: