Cómo dejar de preocuparse por Kim Jong-Un y temerle a la bomba

A pesar de que la Guerra Fría se derritió, el problema nuclear no pasó de moda y tiene más dimensiones que la cabeza del líder norcoreano Kim Jong Un.  Esta vez usamos algunos ejemplos del cine para graficar la gravedad del asunto

Tras la última prueba nuclear del régimen norcoreano, la comunidad internacional anunció mayores sanciones contra el régimen asiático. Y con justificada razón, salvo que hay un detalle importante: las potencias más enérgicas en castigar a Corea del Norte doblan o cuadruplican el arsenal de este país. Según el análisis de la FAD (Federation of American Scientists), precisamente Corea del Norte figura último en el ránking de las naciones con los arsenales más peligrosos, estando en posesión de apenas 10 ojivas nucleares. De hecho, el siguiente peldaño significa un salto gigantesco en cifras, ya que Israel, el penúltimo de la lista, posee 80 armas nucleares, seguido por Pakistán (120) e India (130). Y para qué hablar de los países que encabezan el listado, como EE.UU con 7.200 cabezas listas para estallar y Rusia con otras 7.500 en su arsenal.

Detrás de las cifras y la cháchara estratégica con que los medios suelen abordar la categoría “internacional”, hay una noción frívola de lejanía. Las noticias sobre las pruebas atómicas se leen como hechos lejanos que jamás podrían afectar al lector. Es cierto es que la Guerra Fría quedó atrás y el holocausto nuclear se convirtió en una posibilidad superada por la opinión pública. Por eso resulta interesante desempolvar dos expresiones cinematográficas (no tan conocidas) que graficaban las consecuencias de una o varias explosiones atómicas con un terrorífico realismo.

Hadashi No Gen (1983)

Gen de Pies Descalzos o Gen el descalzo es como re imaginar a Candy o Marco viviendo en Hiroshima, derritiéndose en el fuego nuclear.

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El manga de 1973, posteriormente llevado a la animación, cuenta la historia de un estudiante llamado Gen Nakaoka quien junto a su madre, sobrevive el bombardeo atómico de Hiroshima el 6 de agosto de 1945.

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Estas animaciones que parecen llenas de crueldad, simplemente reflejan los efectos del estallido nuclear en los habitantes de Hiroshima y el relato de los sobrevivientes: –“las cuencas de sus ojos estaban vacías, el fluido de sus órganos derretidos les colgaba por las mejillas” (testimonio recogido en The History of The First Nuclear Attack, Hiroshima August 6, 1945. Louis Rastelli. 2010).

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-“Recuerdo haber visto una mujer que yacía en una casa cercana al río, su cuello estaba atravesado por un pedazo de vidrio que salió volando. El material debió haber cortado la arteria. La sangre la rodeaba. Ella falleció amamantando a su bebé, que aún vivía y chupaba del pecho de su madre muerta” (Louis Rastelli. 2010).

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“Gente terriblemente quemada formaba grupos y lloraban mientras vagabundeaban en busca de un escape. Sus ropas y kimonos se carbonizaron, su piel estaba fundida como si colgaran bolsos de vinilo de sus cuerpos. También fui testigo de un niño ciego, cuyos ojos fueron proyectados. Lloró diciendo: “-¡mami, llévame a algún lado!” Y luego cayó muerto,  después de dar pasos vacilantes sin rumbo” (Louis Rastelli. 2010).

Threads (1984)

Habitualmente, este galardonado docu-drama británico dirigido por Mick Jackson, suele ocupar un lugar fijo en esas cuestionables listas de los “filmes más perturbadores” de la historia.

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El metraje representa un hipotético enfrentamiento nuclear entre las fuerzas de la OTAN y los miembros del Pacto de Varsovia, pero a través de la perspectiva de los habitantes de Sheffield, al norte de Inglaterra.

Threads2La historia, narrada como documental, observa la transformación de un tranquilo pueblo inglés en un miserable escenario post apocalíptico. Con rigurosa frialdad, se retratan las consecuencias de un intercambio nuclear en el corto y largo plazo. Por ejemplo, al mes siguiente del bombardeo, el dinero deja de tener valor, siendo la comida el único intercambio válido y escaso. El hollín, el humo y el polvo suben a la estratosfera produciendo un cruel “invierno nuclear” que diezma a la población.

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El escenario se recrudece un año después de la guerra, cuando el sol comienza a volver, pero la producción de alimentos sigue siendo deficiente debido a la falta de equipo adecuado, fertilizantes y combustible. El daño a la capa de ozono también significa que la luz viene cargada con radiación ultravioleta, lo que hace que las cataratas y el cáncer sean cada vez más comunes.

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Diez años más tarde, se muestra una Gran Bretaña del medioevo, donde viven apenas 11 millones de personas. Los sobrevivientes trabajan en los campos utilizando herramientas agrícolas primitivas; mientras que los pocos niños que nacen o que son criados después del ataque, parecen hablar una forma fallida de inglés analfabeto. El sistema educativo yace en ruinas y todo potencial “tutor” figura enfermo o muerto. Por si fuera poco, aparecen las primeras malformaciones en las generaciones futuras.

 La realidad del holocausto nuclear

En todo manual de política exterior las bombas atómicas figuran como un riesgo global de catástrofe, pero las probabilidades de que una o más detonaciones extingan a la humanidad es debatible. Incluso enfrentados a un invierno nuclear y un subsecuente desastre agrícola, los humanos han sobrevivido escenarios similares en el pasado (aunque de origen volcánico) , como el año sin verano de 1816 o la Catástrofe de Toba que dejó al homo sapiens al borde de la extinción durante el Cuaternario*. Pero esta certeza sigue sin servir de consuelo, ya que los cálculos hipotéticos de sobrevivir a un medioambiente tóxico y radioactivo son muy poco auspiciosos.

Considerando estas variables, es necesario preguntarse porqué el asunto nuclear ha desaparecido completamente de la contingencia. Kim Jong Un es ridiculizado por los medios como la víctima de un mal peluquero, y Corea del Norte transgrede normas que otros miembros, líderes de la comunidad internacional, utilizan como papel higiénico (Francia e Inglaterra, por ejemplo). Lo cierto es que para los estados modernos, el poder nuclear es una suerte de rito de pasaje, porque la nomenclatura de “potencia” suena incompleta si no se tiene el gatillo atómico bajo la mesa.

*La comparación podría ser engañosa debido al contraste de aerosoles liberados y una distribución de substancias que varía a partir de explosiones distintas, como lo es una erupción subterránea con respecto a una detonación aérea ( Margulis, Lynn. Symbiotic Planet: A New Look At Evolution. Houston: Basic Book 1999) .