Horcos de La Horca: “Une femme es une femme” de Jean-Luc Godard

El colectivo Pantógrafas  se dedica a perseguir mujeres seductoras por entre los fotogramas de películas consignadas como de “culto”. Se trata del estreno de una nueva alcoba en nuestro sitio llamada “Horcos de La Horca”, donde se irán publicando voces, trabajos y conceptos que merecen una mirada.

Una mujer es una mujer (1961) fue la primera película que vi de Jean Luc Godard; no sabía si guiarme por algo típico y cotizado de su repertorio (Pierrot le fou, por ejemplo) o lanzarme en la intuición de ver lo que yo quería ver, sin saber por qué, dónde ni cuándo. Opté por lo segundo; así conocí al grande del cine francés de los sesenta y a su deliciosa musa: Ana Karina. Puedo decir que mi oráculo cinematográfico no falló esta vez; pude existir en armonía y disfrutar mi elección.

Anna Karina interpreta el personaje principal del film: Angela, una fémina en toda la envergadura del concepto, una seductora que no obtiene lo que desea −un hijo− de Émile su pareja. Por lo mismo se dedica a jugar con las emociones de un tercero: Alfred, hombre ya seducido por los encantos de Angela y amigo de Émile.

Los tríos amorosos desde siempre han sido y serán un tópico conflictual y necesario para la existencia del ser humano; es tema de interés para el cine, la literatura y el arte porque se escapa de la lógica racional y convencional de lo que entendemos por relaciones de pareja ya que apela a un impulso visceral y embaucador. Como diría Barthes, el sujeto amoroso se abisma de manera inconscientemente en y por el objeto de deseo. En la película de Godard, Angela cae en un abismo ante Émile y a su vez Alfred ante Angela. Es la triada perfecta, circular y viciosa lo que convierte todo el conflicto amoroso en un constante devenir de transformaciones incesantes.

Una femme es una femme replantea el paradigma de las relaciones amorosas, típico de los 60s, porque es una mujer la que mueve y desmueve todo el vicio emocional: es una mujer la que cautiva y emboba por el simple acto de búsqueda; porque sobre todo indaga, busca saciar su deseo primigenio uterino de parir, busca saciar su rol social de hechicera, de seductora. Esta mujer pregunta, observa y vuelve a preguntar, sentada a la mesa, sobre el sillón con su blusa roja y los ojos pintados. La cámara encuentra su movimiento en función de ella; la discusión también. El impulso emocional va y viene; Émile se mantiene estoico con un aura casi infantil, Angela regatea, suplica y pregunta, avasalla con sus demandas. Alfred vagabundea unas cuadras más allá sin tener ninguna convicción, solo ansias de sobrevivir y el deseo por Angela.

El bullicio amoroso se acompaña de música exagerada, colores rojos y azules fuertes y chillones, contrastados con sobrios grises y cafeces; diálogos profundos que invitan a la reflexión, otros repletos de silencios y gestos de Angela a Émile, de Émile a Angela.

En la cinta hay mensajes cifrados de los libros, juegos de palabras y  sobre todo canciones que acompañan a los parlamentos. Una especie de paralelismo que se crea con los sentimientos de los personaje.
El humo del cigarrillo de Alfred es lo que perdura en el inconsciente del espectador, también el rojo, la belleza y frescura de Angela, y como si no fuera poco, la evasión de Émile y sus gestos despreocupados quedan en la memoria visual del que observa Una femme es una femme. Basado en hechos reales (lo digo con criterio y culpa), no solo por sentirme identificada en lo que veo, sino también porque caí en el abismo de los movimientos felinos de sus personajes; movimientos abismales de la emoción.