La música como instrumento de tortura

 

por @festayj

En un mundo donde hay cientos de versiones del álbum “Mozart para bebés”, hablar de los efectos de la música en el ser humano parece un tópico recurrente. Sin embargo, el uso de las melodías en circunstancias negativas es raramente discutido. 

Las musicólogas Morag Grant, de la Universidad de Göttingen y Suzzane Cusick de la Universidad de Nueva York, han dedicado parte de sus carreras al análisis del repetido uso de la música en sesiones de tortura. El motivo de sus respectivas investigaciones radica en el conocimiento que la opinión pública tiene sobre casos como los de Iraq y la Bahía de Guantanamo, donde las composiciones son utilizadas para desestabilizar prisioneros sindicados como terroristas por las fuerzas de ocupación estadounidense.

La receta consiste en utilizar música culturalmente “ofensiva” para el perfil de prisioneros a tratar y reproducirla a un nivel devastador de volumen, por largos periodos de tiempo, método que no sólo da por resultado la privación del sueño, si no que las personas quedan incapacitadas de encontrar un espacio mental que no esté invadido por sus captores.

Pero esta tendencia no sólo se enmarca en la llamada “Guerra del Terror”. Según testimonios reunidos en el proyecto académico “Artículo 5″*, liderado por Morag Grant, el uso de este método de tortura tiene una amplia data.

Algunas de las crónicas recogidas se remontan a los siglos XVIII y XIX, cuando el ejército británico empleaba brutales métodos disciplinarios que utilizaban la música como ingrediente esencial. Los castigos sonoros continuaron a través del siglo XX en los campos de concentración nazi de Polonia; en los centros de tortura erigidos por el régimen de Pinochet; o en la isla de Giaros en Grecia, utilizada como campo de detención por la junta militar de ese país.

El resultado de la investigación no puede ser otro: la música tiene un valor neutral. Simplemente obedece a lo que podemos hacer de ella. No hay duda de que puede ofrecer sanación, consuelo, comodidad e incluso la sensación de transcendencia. Pero también puede ser un objeto lacerante en contextos de crueldad y degradación, cuyo uso debiese ser reconocido y erradicado.

A continuación diversas fuentes y artículos de interés:

PDF. “Música utilizada en la guerra contra el terror”. Suzanne G. Cusick (2008)

“Música, conflicto y el estado”. M. J. Grant (2008)

El proyecto artículo 5: investigación sobre la tortura musical“. La página incluye enlaces a distintas investigaciones con testimonios de sustento.

“Cantos cautivos”, proyecto del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Chile) sobre experiencias musicales en recintos de detención política y tortura