Los Siete Samuráis: “malvados, estúpidos y asesinos”

Después de rentar sus espadas tan sólo a cambio de comida, un reducido grupo de guerreros acepta proteger una villa campesina sometida al saqueo periódico de una horda de bandidos. Más motivados por sus principios que por los puñados de arroz ofrecidos, los samuraís defienden al pueblo en una épica cinematográfica conocida por ser una de las películas más grandes e influyentes de la historia. Esta escena demuestra porque se le atribuye ese título.

A sólo horas del ataque inicial, los campesinos proveen de armaduras a los guerreros, quienes se irritan ante una realidad desconocida: aquellas armas pertenecieron a samuraís moribundos que fueron rematados por los propios agricultores después de una batalla. La línea que separa al pueblo de los bandidos parece demasiado delgada. En ese momento, Kikuchiyo, el más bromista y menos reputado del grupo, alza un argumento brillante.

A través de la actuación incandescente de Toshiro Mifune, el director Akira Kurosawa refleja una tragedia constante en las estructuras sociales, además de los componentes volátiles que definen a la subjetividad humana.