Guy de Maupassant, las letras, la locura y la muerte

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“¡Qué profundo es el misterio de lo Invisible! No podemos sondearlo con nuestros miserables sentidos, con nuestros ojos que no saben captar ni lo muy pequeño ni lo muy grande, ni lo muy cercano ni lo muy lejano, ni los habitantes de una estrella, ni los habitantes de una gota de agua… Ni con nuestros oídos que nos engañan, pues nos transmiten las vibraciones del aire convertidas en notas sonoras. Son como hadas que hacen el milagro de transformar el movimiento en ruido”.

[Revista médica de Chile]

La fascinación de Maupassant por lo desconocido y por la locura queda reflejada en este párrafo con que se inicia su cuento “La Sra. Herriot”9. Maupassant continúa diciendo:

“Me atraen los locos. Esas gentes viven en un país misterioso de sueños extraños, en esa nube impenetrable de la demencia donde todo lo que han visto en la tierra, todo lo que han amado, todo lo que han hecho, empieza de nuevo para ellos en una existencia imaginada al margen de todas las leyes que gobiernan las cosas y rigen el pensamiento humano. Para ellos no existe lo imposible, lo inverosímil desaparece, lo mágico se vuelve constante y lo sobrenatural familiar. Esa vieja barrera, la lógica, esa vieja muralla, la razón. Esa vieja rampa de las ideas, el buen sentido, se rompen, se abaten, se desmoronan ante su imaginación dejada en libertad, escapada al país ilimitado de la fantasía y que va dando brincos fabulosos sin que nada lo detenga. Para ellos todo ocurre y todo puede ocurrir. No se esfuerzan por vencer los acontecimientos. Dominar las resistencias, derribar los obstáculos. ¡Basta un capricho de su voluntad llena de ilusión para que sean príncipes, emperadores o dioses, para que posean todas las riquezas del mundo, todas las cosas sabrosas de la vida, para que gocen de todos los placeres, para que sean siempre fuertes y jóvenes, siempre amados! Sólo ellos pueden ser felices en la tierra, porque para ellos, la Realidad ya no existe. Me gusta inclinarme sobre su espíritu vagabundo, como nos inclinamos sobre un abismo en cuyo fondo burbujea un torrente desconocido, que viene de no se sabe dónde y va a no se sabe dónde” .

La atracción que le produce la locura parece derivar de la asociación que hace entre ella y la posibilidad de traspasar límites; esto es, la locura se visualiza como confiriendo una suerte de omnipotencia que permite diferenciarse de otros mortales y que, a la vez, permite explicar o asomarse a vislumbrar fenómenos que de otro modo resultan arcanos. Así, por ejemplo, le confesará a su amigo el escritor e influyente crítico Paul Bourget que ha visto a “su doble”, temática que aparecerá en varias de sus obras, como figuras que aparecen en los espejos, “otros” al modo de El Horla, pseudo despersonalizaciones o fenómenos psicóticos quizás gatillados por el abuso de drogas por parte de Maupassant.

En realidad, varios de sus relatos se asoman al mundo de las perturbaciones mentales. Maupassant nos da una sorprendente descripción acerca de la vivencia de la locura; tenía un conocimiento personal de la patología ya que debió internar a su propio hermano afectado de un cuadro psicótico cuyo origen no es claro a partir de los datos disponibles pero que aparentemente correspondería a una neurolúes. Más tarde, su conocimiento se haría más directo al experimentar él mismo síntomas somáticos y mentales.

Parasomnia en el cuento El Horla

En su célebre cuento “El Horla”, considerado uno de los mejores relatos de todos los tiempos, el protagonista es sobresaltado en las noches por un extraño ser invisible que llega a perturbarlo, hasta conducirlo a la locura. La voz “Horla” es intraducible, pero existe acuerdo entre los estudiosos en torno a que Maupassant alude a la presencia de un “otro”, de un ente ajeno a uno mismo5. Se ha pretendido ver en este cuento, desde su primera publicación, las manifestaciones de la neurolúes que afectó a Maupassant y que fue su causa de muerte. Sin embargo, hay una primera versión de este relato que data de 1886, 7 años antes de su muerte y es improbable que lo haya escrito ya enfermo y que sobreviviera 7 años más sin terapia afectado por una parálisis general lúetica. En esa época sin tratamiento, un paciente con neurolúes no sobrevivía más de 3-4 años8,11. Desde su primer cuento de 1876, “La mano disecada” Maupassant manifestó interés por lo sobrenatural y la locura .

Una antigua edición de “El Horla” a los 10 años de fallecido Maupassant.

La historia comienza cuando, estando en su casa de campo, el personaje principal ve un barco que navega por un río cercano a su casa. Se trata de un barco brasileño, al cual saluda a lo lejos. Al saludar aquel extraño barco, que viene literalmente “del Otro Mundo”, el protagonista permite, sin saberlo, la entrada del “Horla”. El relato muestra con maestría la angustia que se va apoderando de un hombre que ve cómo ese algo o alguien está introduciéndose en su vida de forma velada e intangible. Empieza teniendo pesadillas en las que alguien intenta estrangularlo o bebe su sangre, y además descubre que alguien bebe el agua y la leche que él deja en su habitación. Por último, llegará a ser supuestamente poseído por la criatura, que gobierna todas sus acciones e incluso sus pensamientos hasta llevarlo al suicidio.

… Duermo durante dos o tres horas, y luego no es un sueño sino una pesadilla lo que se apodera de mí. Sé perfectamente que estoy acostado y que duermo… lo comprendo y lo sé… y siento también que alguien se aproxima, me mira, me toca, sube sobre la cama, se arrodilla sobre mi pecho y tomando mi cuello entre sus manos aprieta y aprieta… con todas sus fuerzas para estrangularme.

Trato de defenderme, impedido por esa impotencia atroz que nos paraliza en los sueños: quiero gritar y no puedo; trato de moverme y no puedo; con angustiosos esfuerzos y jadeante, trato de liberarme, de rechazar ese ser que me aplasta y me asfixia, ¡pero no puedo!.

Y de pronto, me despierto enloquecido y cubierto de sudor. Enciendo una bujía. Estoy solo.

Después de esa crisis, que se repite todas las noches, duermo por fin tranquilamente hasta el amanecer.

Luego de terminar “El Horla”, Maupassant advierte a su criado Tassart que “antes de ocho días verá usted que todos los periódicos publicarán que estoy loco. Que hagan lo que quieran, porque estoy sano de espíritu y sabía de sobra, al escribir este relato, lo que hacía. Es una obra de imaginación que impresionará al lector y hará que por su espalda pase más de un escalofrío”.

Pero los artistas logran ir más allá de sus intuiciones. Así, cuando el protagonista del cuento siente la presencia del Horla detrás de él, intenta buscar una explicación científica al hecho. Dice Maupassant: “una extraña confusión se ha producido en mi cerebro, una de aquellas que los fisiólogos tratan de explicar en la actualidad… ¿No podría ser lo vivido un ejemplo de que una de las imperceptibles teclas de mi piano cerebral se haya bloqueado? La gente pierde, como resultado de un accidente, la capacidad de nombrar o verbalizar, hacer figuras o dar sólo fechas. En la actualidad ha sido posible la localización de todas las partes del pensamiento”.

El protagonista describe, pues, lo que conocemos en la actualidad como una parálisis del sueño: un fenómeno del sueño REM en que el sujeto despierta en esta etapa de atonía mientras sueña y así experimenta esas extrañas sensaciones. Recién había sido descrito en la literatura médica en 1878 (Cheyre JM, comunicación personal).

El gran escritor norteamericano Howard Philip Lovecraft, creador del terror onírico, reconoció una fuerte influencia de este relato para realizar su obra maestra “Los mitos de Cthulhu”.

Los médicos, los baños termales y el auge de su propia enfermedad

En esa época era muy frecuente que los enfermos acudieran confiados a los baños para lograr una presunta cura de sus males. En varias de sus obras Maupassant hace mención de éstos, en particular en “Mont Oriol”, ambientado en uno de ellos. En esta novela, con gran ironía se refiere Maupassant al carácter de los médicos, la competencia que entre ellos se da por los pacientes, la poca humildad e ignorancia de muchos y el aprovechamiento comercial de la confianza depositada por los enfermos. Es evidente que Maupassant refleja en estas obras un gran conocimiento de los médicos a los que debió consultar varias veces por severas jaquecas con componente ocular desde antes de 1880. El renombrado oftalmólogo de esa época, Dr. Landol, lo evaluó por sus molestias en 1880 y describe: “En los inicios de 1880 Maupassant tenía una lesión en el ganglio paraocular, o más probablemente en un núcleo de células intracere-brales. La constatación de esta perturbación puede perfectamente corresponder a un diagnóstico de sífilis del sistema nervioso en un 80% de los casos y de parálisis general en un 40%”.

Si bien en una carta datada de 1877 reconoce estar infectado de sifilis e incluso se vanagloria de ello, es muy improbable que las manifestaciones que empieza a presentar 2-3 años después sean de neurolúes; parecen más bien complicaciones de una jaqueca. Para alivio de su cefalea, Maupassant empieza a visitar los baños termales y a abusar del éter. En esos años comienzan sus primeras alucinaciones visuales y sensaciones de desdoblamiento, lo que podemos interpretar como un cuadro piscógeno exógeno por drogas. Otro gran escritor de la época y amigo de Maupassant, Jean Lorrain, padeció idéntica adicción. Estando ya enfermo en 1891, continúa con una vorágine de consultas con múltiples médicos franceses que le dan diversos diagnósticos e ineficaces terapias.

En 1889, debió internar a su hermano menor, Hervé, en un sanatorio mental afectado también por una parálisis general, quien en el momento de ingresar le grita: “¡Yo no estoy loco, tú eres el único loco en la familia!!”.

Maupassant no logró una relación estable con ninguna mujer: tuvo un excesivo apego por su madre a quien le debió su gran pasión por la literatura. La temprana separación de sus padres, el poco contacto con su padre a quién casi no conoció, y la especial relación de dependencia con su madre, probablemente son factores que influyeron en su especial conducta con las mujeres; a pesar de que alardea de sus conductas desenfrenadas hay muchos gestos de misoginia y no es casual que en su obra, las prostitutas suelan encarnar los valores morales frente a otras mujeres más cargadas de hipocresía. A ello se agrega un ánimo poco estudiado, pero que da algunos índices que podrían dar cuenta de una inestabilidad.

En 1891, ya tiene claros signos síntomas de neurolúes producto de una vida desenfrenada; tanto es así que pone en palabras de uno de sus personajes lo siguiente: “entre los 18 y 40 años, el hombre puede llegar a poseer al menos 300 mujeres”, lo que refleja muy probablemente su propia experiencia. Ese año hace su testamento y le comenta a su criado que se ha encontrado con un fantasma: “Ese fantasma era yo mismo …Ha venido a mi lado. No me ha dicho nada… Simplemente se ha encogido de hombros con desprecio… Me detesta… Francois, no olvide cerrar todas las puertas con doble llave”.

A partir de entonces son cada vez más frecuentes los episodios de locura, incluido un doble intento de suicidio, con una pistola primero y luego con un estilete con el que intenta cortarse el cuello. En 1892 es internado en un sanatorio donde continúan sus delirios místicos y de mitomanía.

 El sanatorio del Dr. Blanche, en París, donde Maupassant fue internado al desarrollar una parálisis general

Falleció en 1893, legando una obra literaria extraordinaria y un mundo psíquico fascinante para los estudiosos de la mente, que para él se convirtió en tenebroso. No en vano, sus últimas palabras fueron: Oscuridad, oscuridad“.