Colectivo Socialista de Pacientes (Sozialistisches Patientenkollektiv), “Haz de tu enfermedad un arma”

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Wolfang Huber trabajaba en el hospital psiquíatrico de la Universidad de Heidelberg desde 1964. Siendo científico y psiquiatra,  este hombre se tomaba muy en serio la pretensión de “hacer ciencia para los humanos”, pero asumía esta máxima como una labor social: Huber solía destacarse entre sus pacientes, porque sin ninguna reserva los atendía con toda disposición, utilizando todas sus habilidades y el equipo material que celosamente ocultaba la clínica universitaria.

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Hospital Psiquiatrico de Heidelberg

Gracias a lo comprometido que estaba , el doctor Huber estimuló exitosamente una situación donde sus pacientes dejaban de verse así mismos como objetos. Bajo esta perspectiva de “ciencia para los enfermos”, los pacientes de Huber manifestaban no ser conejillos de indias sacrificados en pos del prestigio académico y los beneficios de la investigación científica. Objetivos que suelen ser orgullosamente defendidos por muchas casas de estudio.

Con el tiempo, la adherencia que había en los pasillos hacia la visión de Huber, se convirtió en un paradigma político que chocaba con los mecanismos de opresión promulgados por la propia clínica universitaria.

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Por aquellos años de 1965, la clínica psiquiátrica de Heidelberg  había tocado fondo:  la administración del hospital deseaba la ocupación total de las camas y los cuartos; mientras que los pacientes eran rechazados de forma masiva.  Para desalojar a estos enfermos sólo hacía falta una orden arbitraria del médico que estuviese de turno y  se decía que el destino de los enfermos dependía del ánimo que tuviese el doctor tratante.

El conflicto se hizo evidente cuando Huber fue sancionado (con amenaza de despido) por la dirección de la Universidad, pues se negaba a colaborar con el resto del Departamento de Psiquiatría. Esto conllevó a una protesta masiva del grupo de terapia de los pacientes de Huber, quienes tomaron los espacios de la administración de la Universidad e iniciaron una huelga de hambre. Mientras esta transcurría, Huber advirtió al Director que algunos de los pacientes (con severos problemas psiquíatricos) querían suicidarse. El Director reinstaló a Huber, le dio paga completa de su sueldo de la suspensión y le asignó cuatro salas para los pacientes durante un año completo.

Aquella circunstancia permitió la organización formal de los sublevados, y en consecuencia la fundación de “El Colectivo Socialista de Pacientes”, Sozialistisches Patientenkollektiv (SPK, por sus siglas en alemán). En él se agruparon 4 médicos (incluyendo al propio Huber y su esposa), y 40 ex pacientes del hospital.  El SPK utilizó el espacio que había quedado bajo las órdenes de Huber para la “terapia política”, que re-definía la enfermedad como una contradicción causada por el capitalismo, la cual podía ser abrazada para acabar el sistema que le había dado vida.

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Logo Oficial

El SPK establecía que los enfermos formaban una clase revolucionaria de personas desposeídas, que podían ser radicalizadas para luchar contra la opresión.  Antes que las clases socioeconómicas, este colectivo se organizaba en torno a las enfermedades. Aquél factor permitió la inclusión de muchos estudiantes izquierdistas de clase media, quienes articularon sus propios sentimientos sobre la opresión física y política; a la vez que luchaban contra el status quo en su propio derecho, solidarizando con otros grupos de persona oprimidas.  De acuerdo al SPK, las enfermedades tenían la ventaja de ser familiares para todos, entonces toda persona era un potencial revolucionario mientras renegara de la ideología medicinal imperante.

Como otros experimentos antipsiquiátricos en la historia, el SPK cuestionaba el paradigma del paciente/doctor, hasta que finalmente el grupo hizo el llamado de derrocar a la “clase de los doctores”.

Dentro de sus actividades, el colectivo producía panfletos y sostenía charlas, al punto de que la propia universidad estudió reconocer al SPK como parte de la institución.  El SPK conducía “agitaciones” que se dividían en “solitarias” (acciones individuales) o “agitaciones grupales” (acciones colectivas), y trabajaban desde la 9 am hasta las 10 pm. Su lema y bandera de lucha era: “haz de tu enfermedad un arma”.

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Sin embargo el experimento SPK, recibía críticas de muchos sectores, tanto en la Universidad de Heidelberg como en la propia clínica psiquiátrica. El conservadurismo no veía con buenos ojos esta revolución de locos y enfermos. un tal profesor Hafner declaró:” en el SPK hay más mentalidad de sectarios o de cruzada medieval que psiquiatría moderna.”

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De pronto, los aportes monetarios al colectivo y el uso del espacio común se vieron amenazados. A pesar de la oposición que existía al SPK, en el otoño de 1970 , la Universidad convocó a un panel de 3 expertos que recomendaron institucionalizar el colectivo dentro de la universidad de Heidelberg. Para contrarrestar esta sugerencia, la facultad de medicina en Heidelberg (donde estaban los principales enemigos del SPK) pidió el establecimiento de una contraparte, que resultó en un panel de 3 críticos. El ministro encargado de hacer el juicio sobre los dos paneles, terminó inclinándose hacia la opinión de los críticos. Los fondos que sustentaban los trabajos del colectivo fueron cortados y el grupo fue expulsado del campus universitario.

La decisión provocó un enfrentamiento abierto entre el SPK y la Universidad, lo que llevó a una “toma” del campus y atrajo la atención de una audiencia más amplia, incluyendo a la hipervigilante policía de la Alemania Federal, que andaba a la caza de cualquier grupo radical de izquierda.  Finalmente el colectivo debió abandonar la universidad para retirarse a los hogares de sus propios miembros.

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El 24 de junio de 1971, un misterioso tiroteo en la estación de policía de Heidelberg fue atribuido al Baader-Meinhof (la famosa “Fracción del Ejército Rojo”, un grupo guerrillero armado alemán) y bajo esa débil presunción, comenzaron a allanar los domicilios de los miembros del SPK, a quienes se les atribuía un vínculo con los guerrilleros, por mero consenso ideológico.  La tarea de encontrar al o los tiradores, fue encomendada a trescientos cincuenta policías.

En su mejor momento, el SPK contaba con 500 miembros. El 21 de julio de 1971, siete de ellos fueron arrestados durante las redadas, incluyendo el Dr. Huber y su esposa Ursula Schaefer . En una primera instancia el SPK fue falsamente vinculado al grupo Baader-Meinhof, pero nunca se logró comprobar esta presunción. A ninguno de los pacientes del SPK, se les pudo condenar por el supuesto vínculo con la guerrilla alemana. Durante sus declaraciones en la corte, los detenidos evidenciaron con su testimonio la brutalidad utilizada por la policía, las irregularidades legales y un sinfín de abusos que rodearon el caso. Además, los imputados acusaron “una campaña de desinformación hacia el SPK por su posiciones revolucionarias” y  “la criminalización de la organización, como parte de una persecución política”.

La retórica del gobierno alemán denunciando al SPK de estar comprometido en actividades terroristas, resucitó después de la detención de uno de sus miembros, Kristina Berster, quien trató de entrar ilegalmente en los Estados Unidos desde Canadá, pidiendo asilo y protección al gobierno norteamericano por las operaciones de contraterrorismo que hacía la Alemania Occidental. Berster posteriormente fue absuelta de todos los cargos de conspiración por los que se le acusaba. Según Berster, “el único propósito de Sozialistisches Patientenkollektiv era averiguar por qué las personas se sienten solas, deprimidas y aisladas y las circunstancias que causan estos problemas”.

Incluso antes de la detención de  Wolfang Huber en 1971 (que estuvo un año y medio en prisión junto a su esposa), el SPK se había “autodisuelto” para proteger a los pacientes que estaban siendo vorazmente buscados por la policía.

Actualmente, los trabajos del colectivo aún siguen siendo difundidos como literatura formal. Mientras tanto, la bandera antisistémica de los enfermos todavía aguarda debajo de cada camilla y algún día ondeará en todo hospital, cuando la propia salud se libere de su enfermedad: el capitalismo.

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