8 cualidades de las personas cultas según Antón Chéjov

comillasSi realmente reflexionas, todo es maravilloso en este mundo, todo, excepto nuestros pensamientos y acciones cuando nos olvidamos de reflexionar.

Antón Chéjov, fue un médico, dramaturgo y gran escritor. Sin duda una de las figuras más destacadas de la literatura rusa. El realismo inspirado en todas sus obras, el naturalismo per sé de su connotada carrera, nos siguen entregando un catálogo de ideas y una verdadera admiración por este gran autor.

Hoy, recogemos una lista de 8 cualidades de las personas cultas. Pero ¿Qué es ser culto? Quizás por medio de esta interrogante nos re dirijamos a lo que fue el Renacimiento, el Humanismo, la Ilustración. Todos períodos de importante trascendencia en la vida de un ser humano. Ya que sin ir más allá, todas estas etapas de evolución nos dejaron un legado magnánimo de formación. Ya sean los estudios, los libros, las frases como crítica social, la idea del antropocentrismo y sus derivados.

Chéjov, plantea entre esta lista que, una persona culta  es alguien que de algún modo ha comprendido que la sapiencia es tal, cuando enaltece su conocimiento pero no de forma presumida, ante sus compañeros más humildes.

Por antonomasia, la cultura es “cultivar” y, si cultivamos a nuestro cerebro con la literatura, las ciencias, ser más humanos, la inteligencia, quizás formemos parte de los “cultos” que Chéjov manifiesta.

  1. Respetan la personalidad humana y, por lo mismo, son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a ceder ante los otros. No hacen fila por un martillo o una pieza perdida de caucho indio. Si viven con alguien a quien no consideran favorable y lo dejan, no dicen “nadie podría vivir contigo”. Perdonan el ruido y la carne seca y fría y las ocurrencias y la presencia de extraños en sus hogares.
  2. Tienen simpatía no solo por los mendigos y los gatos. Les duele el corazón por aquello que sus ojos no ven. Se levantan en la noche para ayudar a P. […], para pagar la universidad de los hermanos y comprar ropa a su madre.
  3. Respetan la propiedad de otros y, en consecuencia, pagan sus deudas.
  4. Son sinceros y temen a la mentira como al fuego. No mienten incluso en pequeñas cosas. Una mentira significa insultar a quien escucha y ponerlo en una posición más baja a ojos de quien habla. No aparentan: se comportan en la calle como en su casa y no presumen ante sus camaradas más humildes. No son proclives a balbucear ni obligan la confidencia impertinente de los otros. Por respeto a los oídos de otros, callan más frecuentemente de lo que hablan.
  5. No se menosprecian por despertar compasión. No tensan las cuerdas de los corazones de los demás para que los otros giman y hagan algo (o mucho) por ellos. No dicen “Soy un incomprendido” o “Me he vuelto de segunda mano” porque todo eso es perseguir un efecto simplón, es vulgar, rancio, falso…
  6. No tiene vanidad superflua. No se preocupan por esos falsos diamantes conocidos como celebridades, por estrechar la mano del ebrio P.*, por escuchar los arrebatos de un espectador extraviado en un espectáculo de imágenes, o ser reconocido en las tabernas. […] Si ganan unos centavos, no se pavonean como si estos valieran cientos de rublos, y no alardean de poder entrar donde otros no son admitidos. […] Los verdaderamente talentosos siempre se mantienen en las sombras entre la muchedumbre, tan lejos como sea posible del reconocimiento. Incluso Krylov** dijo que el barril vacío da un eco más sonoro que el lleno.
  7. Si tienen un talento, lo respetan. Le sacrifican el descanso, las mujeres, el vino, la vanidad. […] Se sienten orgullosos de su talento. […] Además, son fastidiosos.
  8. Desarrollan para sí la intuición estética. No pueden ir a dormir con la misma ropa, ven las grietas de las paredes llenas de insectos, respiran un mal aire, caminan en el piso recién escupido, cocinan sus alimentos sobre una estufa de aceite. Pretenden tanto como sea posible contener y ennoblecer el instinto sexual. […] Lo que quieren en una mujer no es una compañera de cama. […] No piden inteligencia ahí donde se manifiesta la mentira constante. Quieren, especialmente si son artistas, frescura, elegancia, humanidad, la capacidad de la maternidad. […]. No tragan vodka a todas horas, día y noche, no huelen los armarios porque no son cerdos y saben que no lo son. Beben solo estando libres y en ocasión […]. Porque ellos quieren mens sana in corpore sano[“mente sana en cuerpo sano”].

 

 

Vía Cultura Colectiva