Bibliocastía o quema de libros en latinoamérica

 

 por @Bargovilch

“Un libro es un arma cargada en la casa de al lado … ¿Quién sabe cuál puede ser el objetivo del hombre que ha leído mucho?”

Farenheit 451, Ray Bradbury

La biblioclastía fue definida como la compulsión humana por destruir libros. Desde tiempos inmemoriales el hombre ha querido imponer sus ideas a través de la destrucción de aquellas que se contraponían a las propias y los libros han sido objeto de esa “pulsión biblioclástica” durante toda la historia de la humanidad.

Chile, Argentina y  Perú fueron algunos de los países que atestiguaron la quema de libros en latinoamérica. En esos tiempos tener pensamientos marxistas o de izquierda significaba simplemente perecer. Entonces, los respectivos gobiernos militares querían evitar a toda costa que más gente siguiera pensando así, por lo que reunieron el máximo de libros con ese contenido, con el objetivo de censurar cualquier tipo de literatura vinculada con el libre pensamiento.

chile-libros

En Chile (1973), durante el golpe de Estado, la Junta Militar que asumió el poder  y luego posesionó a Augusto Pinochet se declaró anti-marxista y ordenó la destrucción de todos libros, revistas y símbolos relacionados con la ideología a la que se oponía.

 La quema de libros se inicia con el allanamiento de la Editorial Quimantú, que editaba libros a bajo precio para estudiantes y trabajadores, en donde se destruyeron, entre otras, todas las ediciones de las Obras Completas de Ernesto Che Guevara. La destrucción de libros tocó también a los particulares, cuyas viviendas eran allanadas en busca de armas o libros “indebidos”.

Chile 1973
Chile 1973

Juan Mejía Baca fue el director de la Biblioteca Nacional de Perú durante los años 80 y, relata en un texto “Quema de libros” acerca de cómo se llevó a cabo esta atrocidad en su país:

En setiembre de 1960 se dieron algunas Resoluciones Supremas referentes a la censura de libros. Se temía sobre todo a los libros provenientes del extranjero que pudieran tener un contenido político de izquierda. Como medida de fuerza se autorizó la quema pública de libros, cual historia medieval de brujas y herejes; así el primer gobierno de Belaunde se constituyó en un moderno Tribunal de la Santa Inquisición.

El 25 de julio de 1967 salió publicado en La Prensa una denuncia que realizó un importante impresor peruano, Juan Mejía Baca, contra el gobierno de turno por tales hechos, pero él no fue el único. Un año después, en 1968, dentro de un sentimiento adverso por tales eventos, el 11 de mayo se decretó la Resolución Suprema N° 0191-68-GP/60 que dejaba sin efecto las resoluciones anteriores sobre la censura de libros.”

Argentina 1980
Argentina 1980

En el caso de Argentina, hace unos años atrás se escribieron diversos textos que hablaban de la bibliocastía. Federico Zeballos cuenta en su escrito que

13 de septiembre de 1976 los bibliotecarios de la Universidad de Córdoba recibieron la orden de retirar todos los ejemplares de Hegel. Feuerbach, Marx, Engels, Stalin, Lenin, Mao, Che Guevara, Lukacs, Bloch, Marcuse, Garaudy, Althusser, Freire y “cualquier otra que pertenezca al mismo corte ideológico”

El 30 de agosto de 1980, los terrenos vacíos de Sarandí (Argentina) se convirtieron en un lugar macabro. Varios camiones depositaron, bien temprano, un millón y medio de libros y folletos, todos publicados por el Centro Editor de América Latina. Minutos más tarde, la euforia policial, legitimada por la orden de un juez federal de la Plata llamado Héctor Gustavo de la Serna, animó a varios agentes a rociar con nafta los ejemplares y a prenderles fuego.

Sin embargo no hace falta retrotraerse a los 70 para encontrar barbarismos contra los libros. En 1993, la presidenta de la Respetable Corte Superior del Distrito Judicial de Tarija, Bolivia, autorizó la incineración de la documentación colonial y antigua republicana de esa Corte. Señaló  que la documentación estaba en proceso de destrucción, pero se supo luego que era para habilitar un espacio para documentación más reciente. Ese mismo mes y año -cuenta Luis Oporto Ordoñez en su artículo “La destrucción de la memoria oficial en Bolivia“-, el Director administrativo del Ministerio de Comercio Exterior y Competitividad Económica, autorizó la venta de toda su documentación, anterior a 1978, a una empresa recicladora de papel para convertirla en toallas y papel higiénico. A cambio de esa entrega, los funcionarios recibieron una dotación de papel higiénico suficiente para un año. La única diferencia era que los jerarcas recibieron papel de primera calidad (sanitizado blanco, de doble hoja) y el resto de los empleados, el común.

Chile se une a este último caso, ya que cuando el ex coronel en retiro de la Dina (Dirección de inteligencia Nacional) Cristián Labbé fue alcalde de la comuna de Providencia (1996-2012), quitó de la biblioteca del sector muchos libros con contenido del golpe militar. Él tenía un control absoluto de lo que se podía o no se podía leer en la Biblioteca de Providencia. Ocultó el acceso a títulos sobre crímenes de la dictadura, como los Informes Rettig y Valech, donde incluso él aparece nombrado. También mantuvo escondidos en las bodegas libros como “La Conjura” de la periodista Mónica González que habla del Golpe de Estado y “Los Zarpazos del Puma” de Patricia Verdugo que trata el tema de la “Caravana de la muerte”.

“Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos. -Son la guardia pretoriana de César, susurrando mientras tiene lugar el desfile por la avenida: `Recuerda, César, que eres mortal´-. La mayoría de nosotros no podemos salir corriendo por allí, hablando con todo el mundo, ni conocer todas las ciudades del mundo, pues carecemos de tiempo, de dinero o de amigos. Lo que usted anda buscando, Montag, está en el mundo, pero el único medio para que una persona corriente vea el noventa y nueve por ciento de ello está en un libro. No pida garantías. Y no espere a ser salvado por alguna cosa, persona, máquina o biblioteca. Realice su propia labor salvadora, y si se ahoga, muera, por lo menos, sabiendo que se dirigía a la playa”.