Absenta: Elixir embriagador para los poetas malditos

 

La absenta (conocido también como ajenjo) es un licor de hierbas con graduación cercana al 80%. Tiene un fuerte sabor amargo. Y también ha sido, tradicionalmente, la bebida por antonomasia de escritores y artistas, catalizador de musas de color verde fosforito.

Sin embargo, ¿cuándo hay de cierto en ello y cuánto hay de impostura?

A finales del siglo XIX y principios del XX, si eras escritor y no bebías absenta para inspirarte, entonces no molabas nada. Irónicamente, en principio la absenta se comercializó como producto medicinal,pero enseguida se convirtió en la bebida bohemia de los ambientes parisinos, en una metamorfosis tal que recuerda al Listerine: un producto para limpiar suelos que acabó como enjuague bucal de primer orden.

Entre los escritores que consumieron absenta alegremente están Edgar Allan Poe, Paul Verlaine, Victor Hugo, Jack London, Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Ernest Hemingway y Oscar Wilde. Sin embargo, de resultas de su toxicidad, alrededor de 1915 se prohibió su venta en la mayor parte de Europa. Hoy en día podéis tomarla, con todo, en varios lugares. Sin ir más lejos, cerca de mi casa, en Barcelona, hay bares donde la sirven.

¿Por qué sirven una bebida tan psicotrópica? Pues… porque no es una bebida psicotrópica.

La absenta, ese legendario licor de connotaciones bohemias y románticas, propio de artistas y canallas, nació en Suiza. Siempre se ha dicho que fue bajo los efectos de la absenta que una tarde de 1888 el pintor holandés Vincent Van Gogh se cortó el lóbulo de la oreja para entregárselo a una prostituta.

Pues bien, de todo lo que acabo de decir sólo es cierto lo de que la absenta nació en Suiza. La reputación de bebida maldita de la absenta es infundada. Sus cacareados efectos alucinógenos son falsos. Lástima, se fue al garete la escena del hada madrina verde de la película Moulin Rouge!

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La absenta es sólo un licor, sin propiedades alucinógenas de ningún tipo, salvo las propias de los licores fuertes (y una buena dosis de sugestión por parte de consumidor que cree que toma una droga). Incluso se han analizado botellas del siglo XIX de absenta, por si la absenta original difiriera en algo de la absenta actual. Pero nada, no por ésas.

Un 80 % de alcohol es el único responsable de su capacidad de producir ebriedad, y las hadas verdes interpretando un musical de Broadway. Aunque sí que es cierto que la absenta está prohibida, todavía hoy, en muchos países.

Sea como fuere, tal vez deberíamos borrar este tópico de autor bohemio: hasta las cejas de absenta, pulsando las teclas de una vieja Remington a ritmo de pistón y plasmando pulcramente una obra maestra dictada al oído por las musas.

La literatura, además, no suele concebirse de ese modo: escribir se parece mucho más a tocar un instrumento: la única forma de arrancar un arpegio consiste en invocar el tesón, la única manera de digitar un diminuet consiste en invocar la transpiración.