Hotline Miami: Pixeles de arte y violencia

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Bienvenidos al submundo empapado de neón, en el Miami de los años 80’s. Controlamos un personaje anónimo que recibe encargos crípticos en su buzón de voz y en su departamento, donde encontramos escritos amenazadores que te obligan a cumplir con la sugerencia.  Una vez en el lugar, el jugador  deberá liquidar a un cierto número de matones, quienes supuestamente forman parte del crimen organizado de Miami. A medida que avanza el juego y llegan más llamados telefónicos, la psicología del protagonista comienza a quebrarse y también la línea que separa lo real de lo que no lo es.

Hotline Miami Es un juego pixelado e “indie”, que se ve en 2D, pero desde arriba, como los primeros títulos del Grand Theft Auto. La jugabilidad transita entre el sigilo, la estrategia y los reflejos rápidos, porque el personaje es extremadamente frágil y muere de un solo golpe. No por ello el juego es frustrante: entrar corriendo a una habitación, derribar a un tipo armado de un portazo y volarle la cabeza con su propia pistola, se convierte en una sensación extraña y culpablemente satisfactoria. También hay que tener cuidado, pues el ruido de los balazos alerta al resto de los guardias y es más probable que te maten. En esos casos es preferible “terminar el asunto” de una patada en el suelo o unos azotes en la cabeza.

La atmósfera es otro punto que no se puede dejar de mencionar. Antes de entrar a cada etapa, el personaje oculta su identidad con una máscara de animal. Cada una de estas máscaras tiene un nombre humano: el disfraz de elefante se llama “Rufus”, el del tigre “Tony” y el del  gallo se llama “Richard”. El sentido de estos disfraces, radica en que cada máscara otorga un poder especial al personaje, y el jugador deberá ser quien elija, dependiendo de la ocasión (por ejemplo, “Tony” permite ejecutar rápidamente y “Rufus” permite ser inmune a la primera bala).  En ciertos momentos del juego hay espacio para el surrealismo (muy  a lo David Lynch): estos hombres con cabeza de animal se nos aparecen un cuarto oscuro y humeante. Nos dicen cosas inconexas que poco a poco van teniendo sentido en la historia.  La música es el otro factor que mete al jugador en lo que parece ser un  vortex de cocaína y L

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SD. La mayoría son temas electrónicos y psicodélicos que tienen un innegable efecto psicotrópico: terminan arrastrándote hacia el  ansia, la satisfacción y el vicio por ganar.

A diferencia de muchos juegos actuales, la violencia no se higieniza: los cuerpos son mutilados, los cráneos se abren, la sangre se esparce por el piso alfombrado y los moribundos gatean con el cerebro a medio salir. Por eso, algunos medios especializados lo han etiquetado como “Fuck’em up”, parodiando el estilo del clásico “Beat’em up” que aquí es llevado al extremo.  Pero nada de este “gore” se siente fuera de lugar o resulta innecesario, porque Hotline Miami evita la trampa en que muchos otros juegos caen. Mientras varios títulos muestran violencia porque simplemente se puede, la trama de este juego descansa en la pregunta de que si tu personaje disfruta matar, o no. Hay elementos en el juego que te transmiten este mensaje, incluso de forma no verbal, por ejemplo, la música desaparece después que completaste cada nivel, y debes volver a salir por donde entraste: hay que volver a recorrer todos los pasillos y pasar por entre cada cadáver que tú asesinaste.

Tomando como declarada inspiración la película Drive, de Nicholas Winding Refn, Hotline Miami es un videojuego tan vanguardista como aquella película y al igual que el filme (que mezcla art house con una meditada y horrible violencia), mezcla arte, sustancia y entretención.  Un manifesto indie, de que ahora los pixeles van en serio.

 PD: Jonatan Söderström, autor del juego, declaró vía twitter que empatiza con las personas que no pueden costear su creación. Por eso, el videojuego está disponible para la compra en la plataforma “Steam” y se puede bajar “legalmente”, con el consentimiento del autor, mediante el polémico portal sueco, “The Pirate Bay” (de hecho, el mismo autor responde tus dudas en aquella página con el nombre de “cactus69”).

Publicado por @Festayj en la revista NERON de Chile