Poetizando la vida con letras callejeras (1ra parte)


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Tenemos el agrado de presentarles una seguidilla de poemas de amigos, conocidos, poetas locos, amas de casa, ejecutivos aburridos de la rutina. Un mejunje de versos que los unen a todos en La Horca.

Delirium tremens

  

I

Sal a la calle perro viejo
las cosas tienen olores difusos
la noche les dejó su hedor impregnado
mientras las tribus de Caín
repletan los bares y los callejones
y se sientan a enrollar los problemas
en el papel de envolver
para volverlos humo en la boca
y son todo lo que no quieres
todo lo que nunca quisiste
pero entraste de frac en sus sueños
les impusiste la tristeza de las leyes
y ahora se sientan en las esquinas
a respirar las sobras de tu autoridad

II

Hoy no siento ni calor ni frío
anochece / tengo un par de monedas
y sigo pensando que el odio no me mata
es munición en armas que escupen sangre
y vomitan niños llorando perdigones
gritando canciones como marchas fúnebres
y yo no hago nada más que escribir
soñar humo y botellas sin fondo
pero en el Infierno ya no vendan recetas:
le regalan la ruina al mejor postor

III

Doy vueltas sobre el mismo punto
giro en torno a los mismos problemas
arrastrando mis sueños como banderas negras
en el limbo oculto detrás de las derrotas

Saltan al combate los eternos buscavidas
a esperar a los guachitos de mirada insegura
y rescatar algo de plata para salvar el mes
llegando a la casa con las manos llenas
de un pan con sabor a sudor ajeno
y con olor a harina de otro costal
porque aquí todos quieren lo mismo
pero nadie sabe para quién trabaja

IV

La vida es un río de dados
una ruleta de números borrosos
y cada vez me importa menos
quién gana y quién pierde
porque la noche nos cobija a todos
como si fuera nuestra madre legítima
aunque ya no nos proteja ni el silencio
y la Muerte se cague en nuestras tumbas

V

A veces no puedo parar de fumar
y siento que la vida se me va
en cada bocanada
y si se disipa esta humareda
si suelto este último cigarrillo
creo que explotarán mis pulmones
esparciéndose por la habitación
mi alma en forma de veneno

Pasan las horas como sombras
llueven días como pájaros muertos
y la suerte no deja de ser la misma

VI

(No necesito consumir nuevas drogas
para escuchar ruidos en mis sábanas
en mi almohada o en mi pecho
donde hoy suena de todo
menos mi corazón)

 

VII

Cada vez caigo en peores visiones
holocaustos en selvas con puertas ardiendo
dioses cayendo de su cetro eterno
y el Hombre ya no aguanta más:
miseria en todos los rincones del globo
sueños periféricos condenados al fracaso
la pobreza como una plaga inextinguible
mientras los políticos conversan en el Senado
sobre sus fundos y las caídas de la Bolsa
sin imaginar que uno de estos días
su fiesta terminará a balazos

VIII

Amparado en una esquina
con cara de querer matar a un muerto
sigo aguardando al Hombre Nuevo
esperando la llegada de algún Mesías
que por fin extinga todos nuestros miedos
con discursos hechos de pólvora y miel
mostrándonos la salida del laberinto
y diciendo con solemne serenidad:
no se desesperen cabros culiaos
todo va a estar bien

Patricio Contreras (Chile)

Verso iluso

Pobre verso desvalido.
Almidonado entre la multitud como un simple verso.
Para mí, eres poesía, incertidumbre y dolor de cuando en cuando.
Te paseas a diario por entre los labios sabios y mustios.
Mi querido y fidedigno verso, heme aquí como un simple pincel que abusa de la certeza pasajera.
Heme aquí como una tinta indeleble y olvidada, como la palabra.
Heme aquí… como lo único que soy. La impresión de tus vocablos. La pluma que acarrea tú lenguaje, sin final, sin contexto y sin un preámbulo real.Eres iluso, y sin embargo estoy aquí. Acompañándote en este periplo como siempre.

Llegas como el aire

 

Estoy esperando sentada. Observando, leyendo y respirando.

Esta ansiosa espera, me delata con el silencio vespertino que me ataca de la espalda;

que me roza como el susurro del aire a las hojas altas de los árboles.

Presiento la llegada de tus pasos lentos.

Haz llegado hasta mi silla.

Perpetuo. Sincero.

Me besas ingenuo la cabellera blanca; las historias bellas.

Te alejas de nuevo y te sientas junto a mi.

Miramos en línea recta lo que venga. Hacia la marea alta; hacia el infinito sueño eterno.

Bárbara Veslich (Chile)

Sobre los autores

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