La entrevista impertinente

1786140_300En una época de mucho talento y pocos televisores, un legendario periodista acorralaba en vivo a personalidades de la época. Todo un desafío en tiempos de efervescencia política y social, circunstancia que terminó llevándose la vida del programa y la de su figura principal. Esta es la historia del programa “La Entrevista impertinente”,  su director Leonardo Cáceres, y el irreverente conductor Eugenio Lira Massi.

 Felipe Estay J

Cuando comenzaban los años de 1960 en Chile, Leonardo Cáceres era un joven reconocido en el gremio periodístico. Después de egresar  de la Universidad de Chile había marcado su trayectoria por la diversidad y hacía carrera en emisoras ya extintas como Radio Chilena y La Voz de Chile. También escribió para la revista Punto Final, donde  tuvo una destacada participación.

La variedad de su currículo lo llevó a las puertas de la entonces incipiente televisión; fue ahí donde se convirtió en el creador y jefe del departamento de prensa de Canal 13. Al tener una edad atípica para el cargo que ejercía, Cáceres adquirió notoriedad en el círculo mediático.  En el libro Alí Babá y sus 40 periodistas,  Hernán Puelma describe a Leonardo Cáceres con algo de humor e ironía: “Flaco de grandes anteojos. Su rostro denota bondad de alma. Su aspecto es de un niñito mateo, de esos que nunca faltan en ninguna escuela. Contrastando con su apariencia ya descrita, Cáceres es bastante histérico y se sale corrientemente de sus casillas. Es uno de los periodistas más jóvenes ocupando un cargo de alta responsabilidad. En algunos programas del Canal 13, resulta un tanto pintoresco ver a Luis Hernández Parker tratándolo de Jefecito”.

En aquellos días no era extraño  que los profesionales de la comunicación tuvieran algún vínculo partidista o una posición políticamente abierta. Para ese entonces Cáceres era identificado por el mismo Puelma como un “democratacristiano rebelde”, que “siempre ha estado en una posición de izquierda y ha hecho interesantes programas en esta línea”.  De estas propuestas, quizás su creación más recordada sea La entrevista Impertinente.

Cuarenta años después, Leonardo Cáceres sigue igual de delgado y con anteojos grandes. Haciendo uso de los talentos que lo preceden, redactó una memoria sobre los pormenores de este programa memorable:

 ”No recuerdo las fechas precisas, pero sí tengo muy presente que en mi oficina de la primera cuadra de la calle Lira, a la vuelta de la casa central de la Universidad Católica, acertamos un día con la idea de hacer un programa que consistiera en una entrevista insolente, descarada, que pusiera al entrevistado en dificultades y que sirviera para que el público se enterara de la verdad que muchas veces se oculta tras las respuestas dictadas por las oficinas de relaciones públicas. Trabajando con un grupo de periodistas en un comité creativo, nos pusimos a pensar en el título del programa, su formato y, sobre todo, en la persona de su conductor”.  

 “Aunque la creación de esos capítulos no era fácil, pronto llegamos a un consenso provisorio sobre el título: tenía que resumir la idea exacta del programa. Para el formato se nos ocurrió una cámara negra en el estudio, que por efecto de la iluminación mantuviera siempre en pantalla al entrevistado y al rostro del conductor. La duración no podría superar los 15 o 20 minuto”.

Cáceres recuerda que el equipo creativo había acordado en que el periodista debía ser conocido, de primer nivel: “Pensamos en Luis Hernández Parker, que hacía comentarios políticos en el canal; en José Gómez López; en Erica Vexler, en fin, en todas las estrellas del firmamento periodístico nacional. Todas eran descartadas por una u otra razón. Hasta que se nos ocurrió invitar a un profesional de carrera ascendente, un hombre joven no muy conocido, pero que tenía las cualidades y calidades que creíamos indispensables: Eugenio Lira Massi”.

RECUERDOS DE UN IMPERTINENTE

A Eugenio Lira Massi le decían El Paco, porque en su adolescencia se había desempeñado como escribiente de Carabineros,  puesto de trabajo que heredó poco después de la muerte de su padre.

Lira trabajaba en la calle Gálvez, cerca del diario, El Clarín. Un día de 1960, se encontró al director del periódico, el  mítico Alberto “Gato” Gamboa. Se saludaron efusivamente.  Años más tarde el Gato lo recordaría en el libro póstumo de Lira, Érase Una Vez (1970-1973):

Éramos amigos de verdad. De infancia para ser más exactos. Del barrio Independencia para precisar. Estuvimos muchos años sin vernos porque yo, a diferencia de Zalo Reyes, me cambié de barrio. Y lo encontré un día cuando caminando hacia Clarín, saliendo de la dirección de Carabineros. Era escribiente civil.  Nos fuimos conversando acerca de sus habilidades. Era dibujante y lo llevé al diario para que hiciera una caricatura política. Salió mejor redactor que dibujante y allí se quedó. Se transformó en un reportero político de lujo. Incisivo, audaz, impertinente”.

Lira confesó en una de sus columnas que su entrada a Clarín fue “de puro vivo”. Se confesaba  autodidacto y repudiaba el  carácter universitario del periodismo (nunca estudió la carrera formalmente). En aquel entonces demostró tener razón porque se convirtió en un elemento imprescindible del diario y para muchos en uno de los mejores columnistas políticos del país.

Según la irónica pluma de Hernán Puelma, Lira aún era funcionario público cuando entró a Clarín, por ende, todavía estaba vinculado a la institución de Carabineros.  En 1960 el diario inició una impetuosa campaña en contra de uno de los altos mandos: un general de apellido Quierolo, quien casualmente tenía una relación cercana con Eugenio Lira Massi. Las denuncias contra este alto oficial comenzaron a multiplicarse y los vínculos del uniformado con Lira se deterioraron a tal punto, que el periodista fue obligado a renunciar. Tiempo después, Queirolo sería llamado a retiro y procesado por malversación de fondos.

Después de este episodio, a Lira comenzaron a llamarlo Flaco en vez de Paco, su carrera se disparó y sus servicios empezaron a ser requeridos por otros medios que compartían su posición crítica, como Topaze y Puro Chile. Solía identificarse con las causas populares (se confesaba allendista) y lo hacía a través de su propio estilo: ácido y humorístico.

En el libro, Érase una vez, Hernán Millas recuerda con admiración a Lira Massi : “Parecía que su cerebro tuviese rollos de ingenio que iba entregando. Llegaba a la revista ‘Topaze’ donde lo esperábamos porque sus páginas ya deberían haberse despachado. No había tiempo para recriminaciones, pues ya estaba sacándole chispas a la máquina. Y cuando se detenía y creíamos que iba a romper el papel para empezar otro, la crónica estaba terminada. Uno no podía revisarle lo que había escrito, porque entraba a disgustarla en una sonrisa sin interrupción. Con el Paco hicimos muchas cosas. Una vez en Radio Agricultura nos encargaron una novela. Le pregunté cómo íbamos a trabajar. El tomó la novela y la partió por la mitad, y me dijo: tú tomas de la página 200 a la 400 y yo de la 1 hasta la 200, y así no tenemos que hacer ningún plan”.

Fue en la misma radio Agricultura donde se conocieron Leonardo Cáceres  y Lira Massi. Corría el año 1961 y Cáceres estaba iniciando su carrera como periodista: “Lira estaba en el equipo. Nos hicimos muy amigos, conversábamos largamente de  la actualidad noticiosa y nos ayudábamos con los turnos de madrugada, de noche o  fines de semana”.

Aprovechando ese vínculo, Cáceres intentó convencerlo de conducir La Entrevista Impertinente. No tuvo mucha suerte.

UN PROGRAMA DE HUEVONES

Cáceres rememora  detalladamente el inicio de sus negociaciones con Lira Massi: “Cuando empecé a llamarlo para que hiciera ‘La Entrevista Impertinente’, él trabajaba en el diario de más alto tiraje en Chile, ‘El Clarín’. Antes ya lo había invitado para que fuera uno de los charlistas de un programa de análisis y conversaciones que se tituló ‘A esta hora se improvisa’ y que se emitía en la noche, al cierre de las transmisiones dominicales. Lira participó en una emisión y se retiró fastidiado. Bajó del estudio del cuarto piso a mi oficina y me dijo, en un típico arranque de su carácter muchas veces arbitrario, que no quería aparecer como huevón en un programa de huevones que hablaban puras huevadas…”

“Tras esta experiencia -continúa Cáceres- era difícil atraer a Lira nuevamente a la televisión. Pero lo llamé y lo cité una tarde para que viéramos juntos un programa que me interesaba. Le pedimos a un afamado locutor de la televisión de esos años, Enrique Bravo Menadier, que entrevistara al segundo hombre del grupo ultraderechista Patria y Libertad. Y lo hicimos como si se tratara exactamente del programa definitivo. Lira lo vio en pantalla -no teníamos en ese tiempo la ventaja de grabar un programa y ensayar lo que se buscaba- y nuevamente se indignó. Me dijo cómo tenía que hacerse la entrevista, en qué falló Enrique Bravo, y cómo lo habría hecho él. Cuando terminó le dije, ‘Flaco’, estás contratado. Ese es el programa que queremos hacer’”. Recuerda.

En aquella época no existía el videotape y no quedaron registros del programa: “Lamentablemente no hay videos de esas entrevistas. Sólo hay recuerdos vagos de algunos telespectadores. La entrevista se convirtió en un hit y la gente la veía para ver cómo Lira Massi destrozaba al personaje entrevistado. Y al revés de lo que yo mismo había pensado, los políticos y las autoridades de esa época no se amilanaban al recibir una invitación, porque pensaban que ellos sí le iban a ganar al insolente”.

No obstante, hubo ciertos momentos claves que quedaron grabados en los anales del periodismo y la retina de todos esos devotos espectadores.

El periodista Sergio Antonio Jerez rememora esos momentos en una crónica que escribió para el diario La Cuarta el año 2005:

Un viernes cualquiera por allá por el ’68. En la pantalla de Canal 13 se ve a un joven de pelo largo, muy largo. Frente a él, su entrevistador, el periodista Eugenio Lira Massi, quien le suelta de sopetón la primera pregunta, sin ninguna anestesia: ‘¿Usted es o se hace?’ La reacción del invitado era lo de menos, porque al Paco no le importaba mucho, por algo su programa se llamaba La Entrevista Impertinente. Y aquel que aceptara someterse a sus agudas interrogantes sabía en qué terreno se metía.

De hecho es conocida una anécdota con Salvador Allende. A usted le dicen el Pije, le dice Lira al Chicho. ‘¿Cuántos ternos tiene? ‘Sólo uno más que usted’, le respondió el entonces candidato. ‘¡Ah, entonces tiene dos!’, le soltó el Flaco.

O aquella con un político del cual no recuerdo el nombre, famoso por su verborrea. El Paco  le pidió que fuera al programa. ‘No, me vas a poner en apuros’, intentó excusarse. ‘Te prometo que no’, le aseguró. Y la primera pregunta fue: ‘Usted es muy bueno para hablar, lo desafío a que se quede callado un minuto’. El tipo se puso rojo, sudó como caballo de feria y aguantó. A la salida le espetó: ‘Conchetumadre, me dijiste que no me ibas a poner en apuros’. El Flaco, muerto de la risa, lo despidió con un abrazo”.

Otro periodista, Antonio Freire, también recuerda el programa en  su libro Invasores invadidos:

El periodista de Clarín, con su rostro de cínico simpático, muy inquisidor, era un portento para acorralar a sus famosos invitados que le rehuían. En su interrogatorio usaba la técnica de la interpretación ¿usted dice que? Y le temían cuando, con ironías, los arrinconaba con situaciones de supuestos. En la remembranza quedó la noche en que Lira Massi trató de bufón presidencial, al humorista Firulete ya que era pasajero obligado en las giras de Frei Montalva”.  Algunas personas aseguran que el humorista soltó algunas lágrimas.

Antonio Márquez Allison, periodista, publicista e historiador, era uno de los tantos que sintonizaba el programa:

“Me acuerdo perfectamente del programa en blanco y negro. Era un escenario minimalista, con un fondo oscuro, y una luz  casi cenital. Muy en el estilo de lo que hacían algunos directores brasileños por aquella época, después otros canales copiaron ese estilo.

Lira Massi era un joven delgado, muy atractivo y serio. Cuando tienes mucha formación y eres irónico, eres lo que tú dices. En este caso, Lira Massi era un tipo muy bien documentado.

Lo que hizo Lira,  fue mostrarnos la posibilidad de un periodismo de agresión no agresivo. Una cosa abierta y libre con todo el riesgo que eso significaba. Aunque también tenía detractores en el público, había gente que lo consideraba un insolente, un comunista, y muchas cosas más. Pero incluso las personas que no lo querían, veían el programa, porque era tema obligado al día siguiente. Es un período donde la política ocupaba el lugar que hoy ocupa la farándula, como las portadas de los diarios, que eran muy virulentas. Sería imposible que el programa existiera ahora. Tendría que haber un nuevo cambio ideológico en el país.”

Cáceres, y otros tantos, fueron testigos de cómo se consolidaba  la carrera de Lira Massi, que conquistaba todos los medios de comunicación: “La personalidad de Lira creció de forma insospechada. Sus preguntas y su estilo de hacerlas se repetían al día siguiente en todos los ambientes. Cuando un programa se convierte en tema de conversación, es que ha alcanzado el éxito. Fue un gran programa periodístico de canal 13 que, naturalmente, no podía subsistir sin democracia”, sentencia convencido Cáceres.

En la cúspide del éxito se fue al diario Puro Chile (periódico insigne de la Unidad Popular, recordado por su humor e ironía pro-allendista). También publicaría dos exitosos libros: Los 45 y la cueva del senado; y La Cámara y los 147 a dieta.

 UN FINAL TRÁGICO

En los inicios de los años setenta la tensión política y social del país llegaba a su clímax y también convulsionaba a los medios de comunicación. En un intento de pacificación de los ánimos golpistas de los sectores de derecha, el rector de la Pontificia Universidad Católica  asignó como director ejecutivo del Canal 13 al sacerdote Raúl Hasbún, quien era un férreo opositor al gobierno de Allende y luego se convirtió en simpatizante del régimen militar.

Según el libro de Antonio Freire, Invasores Invadidos, el sacerdote habría iniciado una implacable persecución: “Hasbún pidió la renuncia de Leonardo Cáceres, que fue concedida por el resto del  directorio. Gracias al buen desempeño del jefe de prensa, el noticiario del 13 gozaba de un 70 por ciento de la sintonía capitalina pero, al evaluarlo, no significó nada ese récord. Reconocido como periodista ejemplar, consecuente, honesto, su expulsión provocó una crisis inédita. Corría el final de 1971. El sindicato del canal acordó efectuar un paro en su defensa. La reacción de la derecha fue inmediata: con el apoyo del grupo fascista Patria y Libertad se tomaron los estudios y rompieron la huelga para seguir transmitiendo. Quienes estaban por el paro, a la vez, y con ayuda de los izquierdistas, silenciaron el transmisor y la antena. Durante seis días no hubo programación y toda la UC se vio arrastrada a la confrontación. Terminaba enero del 72´, cuando Cáceres abandonó calle Lira y un satisfecho Hasbún nombraba en su reemplazo a dos periodistas vinculados al ala derecha de la Democracia Cristiana: Vicente Perez, jefe, y Manfredo Mayol, su adlátere”.

Con la renuncia de Leonardo Cáceres y la imposición de Hasbún como nueva autoridad, La Entrevista Impertinente dejó de estar en la parrilla programática. Cáceres cree que Lira renunció al canal para solidarizar con su situación.

Mientras se cerraban las puertas del canal católico, Eugenio Lira Massi se enfocaba en el trabajo de trinchera. La última vez que se vio con el “Gato” Gamboa, su amigo de la infancia que lo había iniciado en el periodismo, fue después de una reunión con el presidente Salvador Allende. El mandatario pedía más garra a los diarios populares. Lira asistió al encuentro representando al periódico Puro Chile y Gamboa como director de Clarín.

Después de la reunión, Lira Massi replicaba las palabras del presidente a su amigo: “El caballero tiene muñeca -me dijo-, de modo que hasta el último minuto hay que tenerle confianza. Tranquilo Gato, hay que seguir pegando fuerte. A los momios les duele mucho lo que digamos en nuestros diarios…”

El 11 de septiembre de 1973, llegó el golpe de Estado, y la Junta Militar publicó el nombre de Lira Massi en el bando N°10, donde figuraba en una lista con otras 95 personas.  Se convirtió en uno de los hombres más buscados por la dictadura.

Temiendo por su vida, buscó asilo en la embajada de Francia. Mientras permaneció refugiado en la sede diplomática, escribía todos los días, cartas para su esposa y sus tres hijas.

El periodista Ibar Aybar sostuvo un breve encuentro con Lira en la embajada*. Había estado detenido en el Estadio Nacional y en el campo de concentración Chacabuco, hasta 1974. Aybar inició un diálogo inquietante: “Le relaté los sufrimientos en cárceles y campos de detenidos. También las torturas que sufrí a manos de sus colegas carabineros cuando me preguntaban por él: ‘¿Dónde está fondeado el miserable Paco Lira? A ese canalla lo vamos a destrozar de a pedacitos por traidor a la institución. Trabajó con nosotros y se pasó al enemigo. Lo vamos a matar y no descansaremos hasta detenerlo. Habla o te mataremos por encubridor’”.  A lo que el Flaco contestó: “Yo no soy ningún traidor… nunca lo he sido y nunca lo seré. Los traidores son ellos. Se achaplinaron con su juramento de respetar la Constitución, de servir a la patria y ofrecer obediencia al presidente Allende. Pero si estos badulaques insisten en detenerme, vamos a seguir jugando al Tom y Jerry como en las tiras cómicas”.

En junio de 1974, Lira Massi obtuvo el salvoconducto y partió hacia Francia, a pesar de las protestas del régimen. Poco después, su familia, y todos sus amigos quedarían conmocionados con la noticia de su muerte.

Su cadáver, solitario, fue encontrado en una modesta habitación de París. Tenía 41 años. Las razones de su muerte aún no se han podido determinar claramente. Unos dicen que murió de pena y otros, los más, especulan que fue asesinado por sicarios de la dictadura. Envenenado.

EL FUNDADOR ANÓNIMO

Leonardo Cáceres también era buscado por la dictadura. Partió hacia el exilio en Argentina, donde se vivía una situación política similar a la chilena. Cuando Cáceres llegó al país transandino, el gobierno de Isabel Perón estaba fuertemente influenciado por el ministro de Bienestar Social, José López Rega (conocido por su misteriosa afinidad al esoterismo), quien había participado en la creación de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), un grupo parapolicial de extrema derecha, culpable de cientos de asesinatos contra guerrilleros y políticos de izquierda. “A los chilenos exiliados nos tenían identificados a todos como terroristas”, cuenta Cáceres.  “En ese tiempo yo trabajaba de redactor en el diario ‘La Opinión’ de Buenos Aires. La Triple A puso una bomba en el segundo piso, donde estaba mi oficina.  Por suerte, estalló en un momento en que  el diario estaba cerrado y no había nadie. Lo malo es que volaron la escalera para subir al segundo piso (que era enorme) y no podía llegar a mi lugar de trabajo”.

A raíz de estas hostilidades, Cáceres pidió refugio en las embajadas europeas. Después de unos intentos, la República Democrática Alemana fue el primer país que consintió en recibirlo.  Partió hacia Alemania con toda su familia y unos meses después aceptó la oferta de trabajar en la versión internacional de Radio Moscú. Inmediatamente partió hacia la Unión Soviética. En las heladas avenidas del noreste europeo, Cáceres se enteró de la muerte de su amigo, Eugenio Lira Massi. Ese tipo de noticias, entre los exiliados, eran constantes por aquellos días.

En la mitad de los años de 1980, Pinochet, presionado por la comunidad internacional, ofreció un indulto para los exiliados. Cáceres lo aprovechó, y retornó al país con su esposa e hijos. Se encontró con un panorama distinto al que había dejado. Chile ahora tenía el rostro del neoliberalismo. Para Cáceres, la alegría de sobrevivir y haber vuelto al país fue mayor que la nostalgia.

Cáceres, ya jubilado, cuenta a modo de curiosidad que uno de sus hijos se desempeña como camarógrafo en el Canal 13. Allí no hay estudio, ni salón con el nombre de su padre. Ningún rastro del fundador del área periodística, que quedó en el anonimato. Poco importa ya, porque en la era del rating se desconoce quién es Leonardo Cáceres.  En sus tiempos, recuerda,  la medición era otra: a él solo le pedían informar, educar y entretener.

*Este encuentro aparece en el galardonado reportaje “Lira Massi, Una voz Popular” del periodista Nibaldo Mosciatti. Este texto a su vez, utiliza aquél reportaje como una de sus principales fuentes.